Sobre Tony Judt, la historia y Europa.

Autor: admin - 12 de Agosto de 2010

 

Esta semana pasada, la natural tranquilidad del mes de agosto en el mundo del libro y de la cultura se ha visto perturbada por la muerte de Tony Judt. El historiador británico, de origen israelí afincado en Nueva York que durante estos últimos años había aportado notables contribuciones al campo de la historiografía. Padecía esclerosis lateral amiotrófica, la cual se le había diagnosticado en 2008, y era la causa que desde hacía un tiempo estuviera postrado en una silla de ruedas y una máquina tuviera que ayudarle a respirar.

Pero dejemos a un lado todo esto. Las aportaciones historiográficas que Tony Judt había llevado a cabo en los últimos años, que es lo que mí, como historiador, me mueve a escribir estas líneas, ha de ser a la fuerza el centro de atención de los lectores y muestra de mi particular homenaje a su labor y a su persona. Por esta razón y así, para empezar, tengo que decir, que los tres libros que de él ha traducido la editorial Taurus, son a cada cual más interesante, innovador y sugerente. Una bocanada de aire fresco en el mundo de la historia que atraerá a profesionales de este campo, pero con los que también disfrutarán los lectores aficionados a la disciplina.

En primer lugar hay que mencionar Pasado Imperfecto, una obra en la que Judt se hace eco del problema histórico al que se enfrentó la intelectualidad francesa en la década de los años 50´s. Es un libro que nos habla de la intelectualidad francesa en pleno contexto de guerra fría. Un momento en el que ésta se encontraba en pleno debate intelectual acerca de esta cuestión, y que generó la formación de dos bandos claramente diferenciados. Uno, la izquierda comunista, seguidora del modelo de la URSS, cuyo máximo exponente era Jean Paul Sartre, y otro, la derecha liberal, que abogaba por el desarrollo de las relaciones transatlánticas, y que tenía a R. Aron como su principal figura. El problema es que muchos de los intelectuales  que participaban en este debate, tenían un historial de colaboracionismo con las instituciones de la Francia ocupada que les suponía no sólo un lastre personal, sino también intelectual a la hora de participar en este debate. Una muestra de que el mundo intelectual y académico de la década 50´s, veinte años atrás, como cualquier otro grupo, tampoco está a la altura de las circunstancias que el momento histórico requería.

La segunda mención, es Sobre el olvidado siglo XX. Un libro de historia, pero también de personajes en la historia y de personajes que han hecho historia del pasado siglo XX. El libro es una recopilación de los textos que T. Judt ya había publicado en la revista New York Review of Books. Aquí, desfilan personajes como Arthur Koestler, E. Hobsbawm, Juan Pablo II, Tony Blair, Edward Said, pero también el autor tiene artículos para algunos de los hechos históricos que han marcado un antes y un después, como la caída de Francia durante la II Guerra Mundial o la formación de los imaginarios colectivos y su influencia en el desarrollo político y social de la Europa de posguerra, para lo que analiza la obra de Pierre Norá, Los lugares de la memoria. En fin, que cada artículo es tan sugerente como el anterior, por lo que yo, y lo digo por propia experiencia, recomiendo, que si no quieren dormir y pasar una agradable noche de insomnio leyendo, pueden llevarse el libro a la cama. Les aseguro que no dejarán ninguno de sus artículos a medias. Es un libro sencillamente maravilloso. Un libro que colmará las pretensiones de historiadores, de especialistas, pero también de aficionados. Un libro que ayuda a conocer a algunos de los protagonistas del pasado siglo, pero también su obra y su legado. Algunas veces para bien, aunque no siempre. Da igual empezar por el principio, por uno o por otro, cada capítulo rezuma conocimiento, sabiduría y visión crítica. 

Para historiadores y profesionales de la disciplina, el tercer libro al que voy a hacer mención, Posguerra, es tan obligatorio como el anterior. Sencillamente, es el mejor libro que hay en este momento sobre la historia de Europa tras la II Guerra Mundial. Es un libro que destaca por lo novedoso de sus aportaciones a la hora de comprender la magnitud de la catástrofe que para Europa había sido la II Guerra Mundial, y de cómo desde esa base, consigue desarrollar un sistema de relaciones multilaterales y un modelo político, económico y social propio, que sirva de referencia al resto del mundo y que ayude a los hombres a no repetir los errores del pasado. Una idea que tan preocupados tenía a los “padres de Europa” durante los años posteriores a la II Guerra Mundial y que muchas veces, nosotros, lo europeos, olvidamos. Las heridas de los episodios más traumáticos de la historia de Europa están cerradas y echadas al olvido, un éxito que ha supuesto el triunfo de la democracia y el Estado de derecho frente al autoritarismo y que ha hecho de la paz no sólo una seña de identidad, sino también una constante histórica de la que había carecido a lo largo de su historia.

En fin, que como se puede ver, leer a Tony Judt, es una experiencia muy recomendable, placentera y tremendamente sugestiva. Uno de las sorpresas más agradables que como historiador  he tenido en los últimos mese. Una pena su muerte, un placer su lectura. Con esto me quedo.

      César Antona

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Alejandro Sawa, de Edipo a Max Estrella.

Autor: admin - 27 de Marzo de 2010

Jamás hombre nacido para el placer fue al dolor más derecho.

(Manuel Machado sobre Alejandro Sawa)  

 

En todas las grandes acciones de la humanidad aparece un héroe que hace de su causa algo más allá de una mera actuación, un ser que, consciente de que se dejará la vida en la batalla, utiliza el sacrificio como una herramienta poderosa con la que rubricar un buen final, hacerse oir y alcanzar la gloria.

Alejandro Sawa (Sevilla 1862 - Madrid 1909) es el indiscutible gran capitán de los bohemios, esa figura que trascendió su propia humanidad para convertirse en un símbolo, en una inspiración que elevó a los literatos que le admiraban a categoría de genios.

Él es Max Estrella, aquel bendito merodeador que se adentra en la noche madrileña -de la que jamás regresará- junto a su Virgilio particular, Latino de Híspalis, que Valle Inclán creó valiéndose de la impresión que le produjo asistir al funeral de Sawa, al que había admirado en vida, y al que comenzó a venerar tras su muerte Hoy lloro por él, por mí, y por todos los pobres poetas dijo ante su cuerpo muerto.

Al lector medio le sorprendería saber que gigantes como Rubén Darío, Alphonse Daudet (con el que guardaba un parecido físico impresionante), el mencionado Valle-Inclán, Paul Verlaine (!), o Pío Baroja en algún momento leyeron y aprendieron de Sawa, todos ellos le estimaron y admiraron, y le tomaron como el ejemplo perfecto del decadentista de fin de siecle. Hasta entonces un bohemio era casi un mendigo ilustrado, un perdedor, un buscavidas y un vicioso, después de él los bohemios reconocían su condición con orgullo y sobre todo, le daban un significado de autenticidad y compromiso con el arte que iba más allá de lo estético en el vestir y lo disoluto en el vivir (aunque para ser sinceros tampoco lo excluían).

En Sawa se daban la naturaleza de la esencia mediterránea (su padre era griego y su madre andaluza), el vitalismo y las ganas de conocer del Madrid de principios del XX, y la pose aristocrática de ese París paradisíaco de entresiglos en el que confluyeron los mejores ejemplares de la cultura artística europea. Su intensa formación humanística se daba de frente con un idealismo exacerbado, un liberalismo dispuesto a ser defendido hasta las últimas consecuencias, y el diletante que jamás consiguó dejar de ser “odio a esos bohemios sucios y mal vestidos”. Escribió algunas novelas fabulosas, destacando entre ellas Declaración de un vencido e Iluminaciones en la sombra, su andadura en la ficción da sus primeros pasos influído por los grandes maestros naturalistas de su tiempo (sobre todo en La mujer de todo el mundo y Crimen legal), pero su propia experiencia vital, su conocimiento exhaustivo de las formas más oscuras de vida -por experiencia y descendimiento voluntario- que pueden darse en la gran ciudad, sumado a sus profundas convicciones políticas y morales (liberal cercano al socialismo, anticlerical, amante de la belleza y humanista con trazas de lo que después serían los existencialistas), transformaron su lenguaje hacia terrenos simbolistas y neorrománticos primero, para terminar por afianzarse en un modernismo radical con elementos impresionistas (la forma de entender y describir el tiempo por ejemplo) siempre con los pies en la tierra.

En él podemos encontrar -al menos yo lo veo claramente- algunos elementos neoclásicos, tanto en su obra como en su propia vida, la tragedia griega es un elemento ensombrecedor de todo lo demás. Sin duda alguna donde alcanzó la verdadera excelencia literaria fue en su carrera periodística. Escribió en medios de Sevilla, Málaga, Madrid y París como Ecos de Juventud, S.XIX, España, El liberal, Diario Universal, ABC, el Motín, el Globo, El País, El Heraldo de Madrid, y una infinidad de publicaciones literarias, políticas y sociales. En sus crónicas Alejandro Sawa denuncia -dueño de una prosa inmensa bien cocinada al fuego de los gandes autores del XIX a los que leía con avidez- la corrupción institucional y política, la manipulación a la que el poder sometía a la cultura oficial, las consecuencias catastróficas de la cada vez más aguda diferenciación de clases, la pobreza, la miseria -que bien conoció toda su vida-, la progresiva deshumanización que el crecimiento de las ciudades lleva consigo como una consecuencia imparable y el dolor de los que no tienen voz.

A este Sawa digamos “social” se le añade un cronista eminentemente cultural, urbanita, casi romántico (mi favorito y donde creo que pasa a la posteridad como literato). Por sus artículos desfilan Becquer, Larra, Verlaine, Rimbaud, Baudelaire (al que admiraba enormemente), Victor Hugo, las tendencias literarias que le tocó vivir, la VIDA nocturna de aquel París mágico en el que Wilde podía compartir charla, copa y -algo más- con André Guidé y todo un universo de belleza, investigación y crecimiento cultural del que fue testigo de primerísima mano. Ejemplo magnífico de todo esto es el artículo que escribió en 1902 rememorando sus días junto a Verlaine mientras contempla su cadáver.

Alejandro Sawa jamás dejó una sola palabra en el tintero, fue un escritor tan racional en su forma como excesivo en su contenido -sospecho que no entendía la vida de otra forma-, el compromiso que tenía consigo mismo y con sus ideas era tan extremo que le convirtió en un personaje y le restó efectividad práctica como persona, sabía vivir al límite pero nunca supo simplemente vivir. Su idealismo acabó por destruirle, como el mismo dijo “yo soy un hombre que, de tanto mirar hacia la luz, se ha quemado las pupilas”. Sus últimos años y casi como si fueran parte del guión escrito (por Eurípides, añado) para convertirle en el padre de todos los bohemios -y paradójicamente se le conoce como el último-, transcurrieron entre la miseria, una incipiente locura (yo creo que un exceso de iluminación), y la ceguera.

El mismo Valle Inclán relata como, mientras velaban su cuerpo, pudo comprobar que uno de los clavos del ataud estaba mal colocado y se había ido a incrustar sobre la sién del difunto, así el dolor, persiguió al gran Alejandro Sawa hasta la tumba.

Su influencia literaria está ya fuera de toda duda, pero creo que la mayor contribución que Alejandro Sawa le hizo a la literatura española que le siguió, fue, sin duda alguna, él mismo, su ejemplo, el símbolo en el que se convirtió.

Álex Portero.

Para ampliar información y disfrutar verdaderamente de la figura y la escritura de Sawa recomiendo encarecidamente la extraordinaria biografía escrita por Amelina Correa llamada Alejandro Sawa. Luces de Bohemia editada por la fundación JM Lara, la recopilación de sus textos periodísticos hecha por la editorial 27 letras titulada Crónicas de la Bohemia. Y el aparato crítico e introducción del profesor Jean Claude Mbarga en Declaración de un vencido de ediciones Libertarias.

 

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Silencio por D. Miguel Delibes.

Autor: admin - 15 de Marzo de 2010

 

  Pido un tiempo de respetuoso silencio.Unos segundos, un minuto, el tiempo que Uds. consideren oportuno. El mundo de las letras, españolas y mundial, se encuentra de luto. Ha muerto D. Miguel Delibes. Por quién si no iba a cometer la osadía de pedirles nada. Lo pido desde luego como trabajador del mundo del libro. Como empleado de una de las librerías que en más alta estima tenía al no bueno, sino magnífico, escritor que fue D. Miguel Delibes. Para mí la referencia de las letras españolas desde la década de los cincuenta. Por eso también pido silencio como lector, porque ahora mismo lo necesito para seguir leyendo Los santos inocentes.No sé cuántas veces van ya las que paso por las páginas de esta obra, pero no creo que sea la última vez que lo haga. Me interesa la maravillosa sencillez con la que describía la dureza de la vida en el campo, la naturaleza de un mundo en el que se forjaban las personas de una época ya pasada, no tanto en el tiempo como en la mentalidad, en la que lo cotidiano y lo esencial iban de la mano, en la que la vida y la muerte adquirían un rasgo de naturalidad que nos es extraño. Porque éstas fueron sin duda las principales señas de identidad de la obra de D. Miguel, la naturaleza, la muerte, los sentimientos, la gente humilde, del pasado siglo XX, o del XVI, todo contado con una pluma sencilla, con un lenguaje crudo y sin ambages. Una prosa que mete al lector directamente en la trama y de la que no saldrá hasta la última línea de la obra.

  Por eso, por su obra y por las características de la misma, para mí Delibes fue y será D. Miguel. El escritor que lamentablemente hasta hace unos días, y desgraciadamente ya no se puede decir que no lo es hoy, era no sólo el mejor autor vivo de nuestro país, sino también el autor en lengua hispana capaz de disputarle a cualquiera este título a nivel mundial . No crean, yo sólo metería en esta terna a J. M. Coetzee, a H. Murakami, a I. McEwan, P. Roth o a R. Ford, pero a cada unos de ellos creo que D. Miguel podría disputarles el honor de tal título con las suficientes garantías como para salir airoso de tal comparación.

  Curiosamente, de todos éstos, sólo Coetzee ha sido galardonado con el premio Nobel. Por eso también pido silencio, pero sobre todo para la reflexión, principalmente al mundo de las letras, para que la gente del mundo de las letras tenga un momento de reflexión sobre este hecho. Por lo que además, a la academia sueca, un poco de justicia. D. Miguel se mereció el Nobel desde hace mucho tiempo. Mucho más del que pueda recordar. Demasiado tiempo de espera para un autor merecedor de ese premio por el conjunto de su obra, pero también por su influencia sobre autores y sobre lectores. Por ello, hace mucho tiempo, demasiado tiempo, me hubiera gustado tener en mi memoria el recuerdo de ver desfilar a D. Miguel por la Academia sueca, tranquilo, humilde, aunque con sus mejores galas, pero siempre seguro, tal y como era él, para llevar a cabo un discurso de aceptación que nos emocione, del que nos sintamos tan reconfortados como cuando hemos leído alguna de sus obras. Me hubiera gustado oirle hablar en su discurso de la necesidad que tiene el ser humano de ciudar la naturelaza, la que él tanto amó, o sobre la muerte, a la que él esquivó ya hace muchos años, ganándose la inmortalidad con el oficio de la pluma y escribiendo sobre blanco. Hubiera sido maravilloso tener ese recuerdo, y ahora, ya por completo, se ha perdido la esperanza de tenerlo. Por eso pido reflexión y justicia en el futuro, porque D. Miguel se mereció el premio Nobel, y yo, como tantos otros lectores, tener el recuerdo de ello. El premio más importante se merece premiar a los mejores, y estamos hablando de uno de ellos. Lamento que no se produjera el hecho.

  Hoy ya de D. Miguel sólo nos quedan sus novelas, y aunque no sea poco, por ello pido un respetuoso silencio, por su muerte, para la reflexión, para imaginar lo que nunca fue, pero también para que pueda seguir leyendo las andanzas de Azarías por la tierra castellana tal y como en su día me la hizo ver D. Miguel.

         César Antona

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Carta de presentación

Autor: admin - 11 de Diciembre de 2009

 

 Queridos todos,

 

Fuentetaja siempre ha sido un organismo vivo, biodegradable, que se muta permanentemente, para adaptarse a las exigencias de los nuevos tiempos. Pero hace más de un año ese organismo presentaba un cuadro clínico de gravedad extrema, con claro riesgo de fenecer.

Entonces, decidimos cambiar. Un nuevo equipo gestor se hizo cargo de los destinos de Fuentetaja para, respetando toda su historia, encontrarle un espacio estable en el futuro.

Hoy se relanza con los ropajes de la modernidad: por fuera, es como un museo de arte moderno, que capta del pasado unos ritmos literarios e industriales para mostrarnos un futuro alentador dentro de este desorden actual. Por dentro, como organismo vivo, rellena sus arterias con la vitalidad de los libros que dan consistencia a lo que siempre ha sido y continúa siendo: una librería y un punto de encuentro.

Es un espacio con suficiente capacidad y estética, que, como un invisible velo, envuelve al lector, al curioso y al buscador de lo diferente.

Está dividida en tres espacios. Abajo, los sótanos arman su caparazón industrial con unas cuevas que reflejan un pasado de vigorosos recuerdos, donde nuestros antiguos guardaban entre sus muros sus viandas, como nevera conservadora, y hoy se mutan a una sala de exposiciones, club literario, presentación de libros y sala multiusos, que como terapia experimental de nuestro estrés darán refugio a la cordialidad y alguna que otra añoranza.

La zona alta, es un espacio de fusión gastronómica, café literario, y lugar imaginativo, donde el placer del ocio escrito pueda compensarse con la realidad del viaje proyectado.

Todo esto es posible por quienes han arriesgado su trabajo, creatividad y dineros y, que, como sanos profetas, son captadores de esperanzas para todos, dando así respuesta a las demandas de hoy.

Es muy de agradecer a los autores que hoy presentan este acto su presencia, porque con sus palabras están sembrando futuro, dando de este modo valor a esta fuerte apuesta renovadora de Fuentetaja. Ellos, los autores, son el gen creativo, que hacen posible la obra escrita o en soporte electrónico.

Del mismo modo, participan de esta empresa editores, distribuidores y toda la madeja logística, que ayuda a que el libro llegue al lector. Están los libreros, consejeros inmediatos del lector, y, ¡cómo no!, los lectores, amigos de todos. Fuentetaja os da las gracias por creer y participar con nuestros proyectos mientras llenáis con vuestra presencia los renovados alientos a la esperanza.

Como comprenderéis, ya no nos pesan los recuerdos, sino la aventura de estar en permanente renovación.

Y como toda carta clásica, pondríamos una post data: recibid un fuerte abrazo de esta librería que os quiere.

 

D. Jesús Ayuso           Dña. Pilar Calabia  

Presidente                  Consejera Delegada

 

 

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Coplas a Fuenetaja (por Moncho Alpuente)

Autor: admin - 11 de Diciembre de 2009

 

Corren por la Carrera de San Bernardo

Los libros a ponerse de buen resguardo

 

Por Jesús y María bien protegidos

Libros de Fuentejata, libros prohibidos

 

Medio siglo y un día ya se han cumplido

Vamos a celebrarlo como es debido

 

Años de plomo y luto, de luto y plomo

Que mueran los verdugos de tomo y lomo

 

Matan el pensamiento y la cultura

Vive la guillotina de la censura

 

Buscan a un tal Marx-Lenin los policías

En Fuentetaja cuentan que se escondía

 

Y ese Platón que dicen, republicano

Verán que mal lo pasa si le echo mano

 

Viva la letra viva, no hay letra muerta

En cuanto abres un libro ya se despierta

 

Que por prohibir, nos prohíben los diccionarios

Presos marchan los libros a su calvario

 

Para salvar los libros de tanto abuso

Los mete en su maleta Jesús Ayuso

Se los lleva a la Alcarria y allí los deja

Los pone a buen recaudo con sus abejas

 

Que vengan a buscarlos si es que hay cojones

Y que se lleven puestos lo aguijones

 

Fui librero unos meses en Fuentetaja

Puse mucho entusiasmo mas no hice caja

 

Me robaban a saco los estudiantes

Y me desvalijaban en un instante

 

Los roban porque tienen sed de cultura

Luego el librero carga con la factura

 

Los libros en la cueva, por la trampilla

Se vislumbra el país de las maravillas

 

Los maderos se llevan los libros malos

Y a los buenos libreros muelen a palos

 

Años de luto, grises van a buscarlos

Pero no saben nunca donde encontrarlos

 

Los que van regresando del largo exilio

En Fuentetaja tienen su domicilio

 

Cincuenta años y un día ya se han cumplido

Vamos a celebrarlo como es debido

 

 

 

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Isaiah Berlin. El zorro que siempre fue. A propósito de la publicación de Ramin Jahanbegloo, Conversaciones con Isaiah Berlin, Barcelona, Arcadia, 2009, 302 pp.

Autor: admin - 9 de Febrero de 2009

Vaya por delante, creo que cuando escribo acerca este libro puede que en algún, o en todo momento corra el riesgo de no ser objetivo, pero es que desde que mi amigo Juan Pablo me habló por primera vez de Isaiah Berlin he desarrollado la manía convulsiva de comprar todo aquello que veo en las librerías escrito por o sobre él. El fuste torcido de la humanidad, El poder de las ideas, Sobre la libertad, Kart Marx, Contra la corriente, Impresiones personales y sus prólogos a obras de J. S. Mill o G. Sorel son algunas de mis posesiones bibliográficas más preciadas. Espero pues que las líneas que escribiré a continuación sirvan de atenuante para que ustedes, los lectores de estas líneas y de la obra, no me impongan una pena que no sea coherente con mi falta.
Junto a mi devoción por el personaje, y claramente unido a ésta, hay dos cosas que me incitan a escribir este texto y que me gustaría, y esto ya es claramente personal, que no pasaran desapercibidas, al menos en España.. La primera es que en éste 2009 Sir Isaiah Berlin cumpliría 100 años. Una efeméride que dada la talla del personaje, su obra y su influencia creo que merece un punto de celebración y de reflexión. La segunda, es la reedición en español, tras unos años fuera de circulación de las librerías, de la obra de Ramin Jahanbegloo, Conversaciones con Isaiah Berlin, Barcelona, Arcadia, 2009, una nueva adquisición por mi parte y que, por derecho propio, se ha unido al grupo de obras a las que he hecho mención antes. Evidentemente, creo que el acierto editorial de la reedición de esta obra está fuera de toda duda.
Conversaciones con Isaiah Berlin es un libro en el que el entrevistador y entrevistado hacen un breve repaso por la obra de este último. Breve, porque no puede ser de otro modo, su obra es tan extensa como importante y ha tenido tanta difusión como trascendencia para estudiosos de la ciencia política, la sociología, la historia o la filosofía. Así, en este texto saldrán a la luz conceptos, como libertad, ideas, como nacionalismo, liberalismo, romanticismo, personajes trascendentales de la historia, como Marx, Herder, Vico, Herzen, J. de Maistre, Kant o Tolstoi, un todo que hizo que I. Berlin fuera uno de los filósofos políticos más importantes, sino el que más, de la segunda mitad del siglo XX. Un todo en el que se reflejan algunas de las aportaciones más importantes de I. Berlin al estudio de estas disciplinas, tales como que todos los hombres son a la vez iguales y diferentes, que para el desarrollo de una sociedad justa y democrática existe la libertad positiva, que es la que nos proporciona el Estado de derecho y el imperio de la ley, y la libertad negativa, la que nos imponemos nosotros mismos como seres morales, que la democracia es a la vez medio y fin del desarrollo humano, por lo que también debe preservarse y cuidarse, que la historia no se desarrolla como parte de un plan final previamente concebido y con la idea de llegar una meta final, que el progreso material de la humanidad es incuestionable, pero no así su progreso moral, y que las ideas son hijas de su tiempo, por lo que examinarlas con los ojos de otro tiempo o trasladarlas a un futuro o pasado es un error que muy a menudo se comete.
Sin duda, en España, la figura de I. Berlin ha tenido una repercusión tan importante como difícil de cuantificar. Más allá de la difusión de sus ideas en libros y publicaciones periódicas, I. Berlín fue una de las fuentes de inspiración, junto a L. Namier y C.M Bowra, de una generación de historiadores que, guiados por la mano sabia de R. Carr, se formó en la década de los años setenta en St. Anthony´s Collage de Oxford. Una generación de la que forman parte Joaquín Romero Maura, Juan Pablo Fusi, José Varela Ortega, Paul Preston o Shlomo Ben Ami, entre otros, que son en estos momentos algunos de los más importantes representantes de la historiografía española.
Por todo esto y por más, creo que para todos aquellos interesados en el personaje o sus trabajos, creo que Conversaciones con I. Berlin es una lectura imprescindible, que es un acierto su reedición, como también lo sería la de El fuste torcido de la humanidad, A contracorriente o El poder de las ideas. Yo doy ideas ¿Hay algún editor en línea?

César Antona

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38º Aniversario del nacimiento de Sarah Kane

Autor: admin - 4 de Febrero de 2009

“Odio la idea del teatro como pasatiempo de las tardes. Debería exigir emoción y esfuerzo intelectual” S.K.

Los hechos: Sarah Kane nació en Essex el 3 de febrero de 1971, en el seno de una familia compuesta por periodistas y devotos adeptos de la iglesia evangelista. Se graduó en arte dramático con matrícula de honor por la Universidad de Bristol. Estudió dramaturgia con David Hare en la Universidad de Birmingham, dónde también destacó como una de las mejores alumnas, a pesar de sus enormes discrepancias con el dramaturgo británico.

Escribió más de seis obras de teatro y algunos guiones para cine (cortometrajes) y televisión.

Fue atacada ferozmente por la crudeza de sus textos y su concepto escénico.

Sus montajes, aunque en teatros pequeños y con poca difusión, generaron grandes polémicas.

Violencia, sexo, identidad sexual, anorexia, bulimia, adicciones, amor obsesivo. Todo esto molestó a la crítica y a la sociedad inglesa, mostró lo que nadie quería ver.

Su vida estuvo marcada por una profunda depresión que la llevó a ingresar, varias veces, en un hospital psiquiátrico voluntariamente.

En contraposición a la crítica y al público bienpensante y clásico, se alzaron voces entre su generación (Mark Ravenhill, Anthony Neilson, que formaron junto a Sarah y otros autores la “In yer face generation”), y fuera de ella, que defendieron con pasión su trabajo.

Estaba revolucionando el teatro para siempre. Harold Pinter, Edward Bond, y otros grandes de la dramaturgia inglesa calificaron algunas de sus obras como “obras maestras”. Mientras las publicaciones tradicionales se referían a su trabajo como “un festín de inmundicia”.

“Mucha gente cree que la depresión tiene que ver con el vacío, pero en realidad estás tan repleto que todo se anula. No puedes tener fe sin dudas, ¿y que te queda cuando no puedes tener amor sin odio?” S.K.

Incorporó a su obra géneros y discursos ajenos al teatro. Encontró la teatralidad en lo “no-teatral” –quizás en esto ahondó el camino ya iniciado por Pinter-subió al escenario, con una precisión y técnica asombrosas – “Si los actores no dicen esa puta coma, les mato”- todo un sistema de “no-valores”, de actitudes descreídas, de protestas iracundas y gritos de rabia ante un mundo que se desmoronaba delante de las narices de toda una generación.

En la ausencia de género, clasicismo, convencionalismo, y reglas encontró lo que, diez años después de su muerte, la ha convertido en autora imprescindible, irónicamente, en todo un clásico de la literatura dramática del siglo XXI.

Sus obras han sido representadas en Alemania, Francia, Estados Unidos, Italia, España, República Checa, Austria…

El 20 de Febrero de 1999 se suicidó en el baño de su habitación de la clínica donde estaba internada. Ingirió 100 pastillas y se ahorcó con los cordones de sus botas.Tenía 28 años.

“Cuando ya te has dado cuenta de que la vida es muy cruel, desarrollas una impresionante habilidad para vivir el momento, la única respuesta es vivir con toda la humanidad, el humor y la libertad que puedas. Escribir es una expresión de esto, así que resulta irónico que la gente quiera cargárselo” S.K.

Sarah: Supongo que, por muy buena autora que seas, si te suicidas a los veintiocho años en el cuarto de baño de un psiquiátrico, corres el peligro de que éste hecho ascienda por encima de cada palabra que has escrito, y te estereotipe como otro cadáver joven en el que habitaba la enésima alma atormentada hipersensible que jamás conoció la paz.

Sarah Kane y su obra tendrán que soportar eso.

Que a nadie le quepa la menor duda de la injusticia que ello supone.

SickCleansedCraveBlastedPhaedra’slove4:48Psicosis… Obras declamadas con la ira y la rabia de un animal enjaulado, pero escritas con la precisión de una lingüista.

Y puestas en escena.

DI-RI-GI-DAS meticulosamente. Minuciosidad obsesiva que convertía a Sarah Kane en una suerte de maestra de ceremonias aciaga, en guía de un tranquilo paseo por el infierno para quien se atrevía acudir a uno de sus montajes. Fue una niña(ta) prodigio, la hija mimada de unos fanáticos evangelistas cuya primera noción de pasado fue la violencia desmedida de la Biblia.

Poder= dominación = dios = sufrimiento = pecado = sexo = hombresymujeres= sociedad.

La alumna perfecta, con rostro dulce y enormes ojos azules.

Demasiado aplicada para permanecer callada. Unos ojos demasiado grandes como para mantenerse ajena a lo que le rodeaba.

De la mano de Büchner (Woyzeck fue su único amor masculino) y de Pinter dio forma a sus contenidos –“Forma y contenido tratan de ser lo mismo, la forma es el sentido” S.K.-

La primera vez que lees “Crave” o “Blasted” te dejas llevar por lo accesorio y, si tienes inquietudes literarias y además sabes algo de teatro, tratas de convencerte de que son sólo fuegos artificiales.

Después viene “Phoedra’s Love”… Y tu convencimiento, junto con tu ego se desmoronan.

4:48 Psicosis, nace y muere la mejor dramaturga de su generación (y de muchas otras).

Jovenbohemiadesencantadalesbianapunkrebeldecontestataria… Dramaturga.
Escritora.
Niñata con demasiada prisa por decirlo todo.
Maldita seas Sarah Kane, sólo tenías que dosificarte.
Bendita seas.

Alex

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Conor Cruise O´Brien. (1917-2008).

Autor: admin - 20 de Enero de 2009

El pasado mes de diciembre fue uno de los meses más negros para el mundo de las letras y del pensamiento que yo recuerde. Murió H. Pinter, uno de los últimos ganadores, con todo merecimiento, del Premio Nobel, y S. Huntington, que siempre será recordado por su célebre artículo “El choque de civilizaciones”, publicado primero en Foreing Affairs y, luego, tras una gran repercusión mundial, editarse como uno de los libros más controvertidos y de los que más se ha hablado del último tercio del pasado siglo XX. Creo que han sido dos pérdidas muy importantes, importantísimas diría yo, pero también hubo una tercera que también merece ser destacada y es la que me mueve a escribir estas líneas.

Se llamaba Connor Cruise O´Brian y falleció el 18 de diciembre de 2008. Fue uno de los personajes más controvertidos de la reciente historia de Irlanda. De hecho su apodo era The Cruiser, lo que ya nos muestra claramente qué fuertes eran sus convicciones y hasta que punto defendió sus convicciones. Unas convicciones que ya tuvo que defender desde muy pronto, porque desde muy joven ya se granjeó odios y amistades extremas. Nació en una familia cercana al nacionalismo católico irlandés, de hecho 3 de sus tíos, cuñados de su madre, murieron en la revuelta de 1916. Esto ya le señaló de joven y le  separó de una buena parte de los ciudadanos de ese país y del Reino Unido. Más tarde, al estudiar en colegios y universidades de clara filiación unionista, también fue señalado, por unos y por otros Esto marcó su vida, y le ayudó a ser el hombre de convicciones fuertes que siempre fue, a enfrentarse por ellas a quien fuera. Lo hizo cuando trabajó para la ONU en África, dónde presenció la revolución en el antiguo Zaire, hoy República Democrática del Congo, o como Ministro de Correos de Irlanda, en un momento creciente de la violencia del IRA en Irlanda del Norte en el inicio de la década de los setenta. Desde ese momento, cuando se enfrentó al IRA, no dejó de ser amenazado de muerte por la banda terrorista hasta el fin de sus días. Unas amenazas que no le hicieron ni alejarse de sus ideas ni de Irlanda. Creo que, en el fondo, sentía orgullo de estar frente a aquellos que sólo hablaban a través de las bombas y de las pistolas.

Yo le recordaré como el escritor de Ancestral Voices (Voces Ancestrales, Espasa), uno de los mejores ensayos que el sobre nacionalismo irlandés del primer tercio del siglo XX que he leído nunca y, sin duda, uno de los libros de cabecera para todos aquellos que están interesados en el nacionalismo en el siglo XX. El hombre que me hizo reflexionar sobre su desarrollo, sus cambios, sus tendencias, que me ayudó a entender mejor los significados de la identidad irlandesa, católica o protestante, y de cómo se plasmó todo ello en la literatura del momento, sobre todo en James Joyce. Un libro maravilloso, cuya difusión en España parece que no tuvo todo el éxito que creo que se merecía.

Pese a todo, este discípulo de E. Burke, del que fue uno de sus biógrafos, creo que, al menos por mi parte, por su actividad como escritor, pensador, como persona y como ciudadano,  fue capaz de aportarme. Se ha cumplido el 60 aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos, y él hubiera sido un digno ganador de algún premio de esta índole. Descanse en paz.

César Antona Antón
Madrid, a 14 de enero de 2009.

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Necrológica: Harold Pinter.
(10 de octubre de 1930 – 24 de Diciembre de 2008)

Autor: admin - 20 de Enero de 2009

El 2008 terminó con la triste noticia de la muerte de Harold Pinter, dramaturgo, ensayista, guionista, director teatral, poeta y novelista británico.

Pinter inició su carrera literaria en los años cincuenta, formó parte de la generación llamada “angry young people” -una suerte de equivalencia inglesa de los “beats” americanos, aunque mucho más formados culturalmente que estos- que pusieron patas arriba los conceptos literarios europeos del siglo, haciendo del movimiento su causa, movimiento entendido como concepto dinámico y político en oposición al esteticismo de las ideas y del arte. Las obras paridas por estos escritores- Pinter, Stillitoe, Larkin o Amis- eran auténticos manifiestos libertarios, defensas intensas de la individualidad humana sobre el estado, las normas, lo académico y lo artificioso. Ésta actitud Harold Pinter la mantuvo intacta toda su vida, lo que le granjeó no pocos encontronazos con muchos de sus colegas autores.

Sus primeras obras -ferozmente criticadas- bebían directamente del teatro del absurdo de Beckett. Una sombra demasiado alargada sobre la práctica totalidad de la dramaturgia inglesa de mediados de siglo XX.
A fuerza de escribir y representar sus propios textos durante toda la década de los cincuenta, el joven Harold Pinter fue hallando su propia voz, y lo hizo a través de un recurso tan complejo de manejar como inesperado, el silencio. Con él, revolucionó el teatro contemporáneo y se convirtió en una de las figuras más influyentes e importantes de la literatura mundial. Por primera vez un autor/director hizo callar a los actores, y usando el silencio consiguió que gritaran más que nunca, desde dentro. Las medidísimas palabras que componían sus textos actuaban como un bisturí, y desnudaban -capa por capa- al ser humano hasta dejarlo completamente desnudo.

En contraposición a otro genio del teatro contemporáneo como Peter Brook, Pinter optó por reducir el espacio escénico al mínimo imprescindible -recordemos que Brook fue el primero en hacer del “teatro fuera del teatro” una auténtica obra de arte- despojarlo de cualquier artificio estético que distrajera el espectador de lo que debía ser visto y oído. Sus personajes eran personas comunes, en lugares y actitudes comunes, sometidos, muy sutilmente, a un pequeño desajuste contextual -normalmente representado por un personaje de perfil bajo que tiene un comportamiento absurdo y fuera de contexto (influencia Beckettiana) y que sirve de elemento desestabilizador- sólo con esto, con una pequeña variación en lo que cualquiera consideraría una actitud “normal”, las obras alcanzaban unas cotas de angustia y ansiedad difícilmente superables.

El silencio.
Las miradas.
Los gestos incipientes.
Una manera exagerada de sudar.
Gestos mecánicos o repetidos.
Matices sutiles.

Y con estas pequeñas herramientas devolvió -o dotó por primera vez- la realidad al teatro, de una forma sobrecogedora. Supo indagar como nadie en la psique humana, enfrentarnos al espejo y mostrarnos la fragilidad de la “compostura”.

“La fiesta de cumpleaños”, “El cuidador”, “El lenguaje de la montaña”, “Luz de luna”, son ejemplos perfectos de todo este universo inquietante y mundano que nadie ha sido capaz de repetir sobre el escenario.
Escribió sólo una novela, “Los enanos”, en la que las deudas a su propio teatro están más que claras, todos sus textos tenían una vocación exhibicionista y representativa innegable.

Rechazó el título de “sir” del imperio británico, y mostró incansablemente su oposición total y activa a todos los conflictos armados de la segunda mitad del siglo XX, hasta su muerte, fue un referente de opinión social y siempre mantuvo una actitud combativa y transgresora contra el sistema. Por esto, la concesión en 2005 del premio Nobel de literatura sorprendió a todo el mundo -principalmente a él mismo- y lavó desde cualquier punto de vista la imagen de la academia sueca, pues si ha existido una figura incómoda y agitadora, totalmente alejada del mundo de la “aristocracia cultural” -escritores a los que el éxito les transforma en burgueses y olvidan que les movió a expresarse por escrito- esa siempre fue la de Harold Pinter.

Tres meses antes de fallecer fue nombrado Dr Honoris Causa por al universidad de Oxford. Su muerte es una pérdida gigantesca no sólo en el ámbito cultural, la defensa de los derechos humanos y parte de la conciencia social pública se ha marchado con él.

Esperemos que, tal y como ha sucedido con otros grandes nombres de las letras- de cuyo nombre no quiero acordarme-, su obra no muera con él.

Descanse en paz.

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P. Anderson, Spectrum. De la derecha a la izquierda en el mundo de las ideas, Madrid, Akal, 2008, 412 pp

Autor: admin - 9 de Diciembre de 2008

Hay momentos en los que cuando uno ya tiene cierta edad y, sobre todo, el suficiente prestigio, puede escribir de lo que quiera, de la manera que quiera, que será escuchado por la comunidad académica y siempre habrá alguien dispuesto a resaltar las virtudes de lo que uno escribe.

Como este es el caso de este libro, yo resaltaré los defectos, que también habrá que ponerlos de manifiesto y tenerlos en cuenta a la hora de leer este libro. No se asusten, vaya por delante que P. Anderson es un autor esencial para aquellos que estén interesados en el estudio de la historia. Algunas de sus obras son clásicos indispensables de aquellos estudiosos de la historia o simples lectores de ella, como por ejemplo Transiciones de la antigüedad al feudalismo y El Estado absolutista. Pero esta obra que pretende ser una historia de las ideas sobre las que se han sustentado lo que se ha venido llamando tradicionalmente la izquierda y la derecha, se queda simplemente en un análisis de las obras y de pensamiento de los personajes que aquí se citan. Porque hablar de M. Oakeshott, C. Schmitt, L. Strauss, F. von Hayek como pensadores sobre la que se ha asentado la derecha puede ser cierto, pero que la derecha, como tal, es un ejercicio de reducción que no contribuye a resolver el problema de definir las “derechas” sino a definirles como “de derechas”. También es importante destacar, que en este volumen, no hay ningún estudio parcial de ningún político profesional ¿Acaso ningún político ha contribuido a la configuración de las ideas políticas? Yo creo que sí. De hecho, si el neomarxista torie que hoy es, y que ha sido, E. J. Hobsbawm representa la izquierda derrotada, como así nos lo intenta hacer ver el autor, creo que habría que repensar toda la historia de la izquierda europea occidental desde la década de los años 50 hasta hoy. Además, en el mundo globalizado e interdependiente en el que hoy vivimos hablar de izquierda o derecha supone pasar por alto buena parte de la política de las relaciones internacionales que hoy tienen lugar.

No, no debe ser así, creo que utiliza unos conceptos que describen algo demasiado fijo y que hoy no se corresponde a la realidad. Creo que el libro puede ser una buena síntesis de los autores que se citan, pero no muestra lo que han sido y hoy son las derechas o las izquierdas

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